No hay nada más desafiante que tener a los hijos en casa durante una período vacacional. Y mi caso no es exepción. La falta de rutinas y horarios llevan a una anarquía total. Es difícil maneter el orden cuando una misma tiene la cabeza en estado vacacional y cuando las opciones se agotan ¿que más queda por hacer?.
Cuantas veces podemos jugar UNO, o memoria, o armar rompecabezas, o ir al cine, o andar en bici, o armar guaridas con sábanas, o dibujar, o ir por un helado……y todo eso en UN SOLO DÍA.
Así que después de cuatro días de llevar un ritmo aeróbico para lograr que se cansen mis hijos…. me rindo….. volteo al Wii…..y los enchufo.
Constantemente contraigo peleas internas ya que fuí criada bajo la idea de que la TV y videojuegos son malos (en exceso, claro). Pero qué tanto es tantito? A pesar de que Luis es muy muy flaco y Miguel tiene un peso muy acorde a su edad…. me sigue el fantasma de la obesidad, y cada vez que los veo apachurrados en el sofá, casi inhertes, y embobados en la pantalla, me angustio y pienso que 15 años después van a seguir en esa posición, todos obesos mórbidos y yo llevándoles sus Pingüinos Marinela, porque ellos ya están muy gordos para moverse……
Así es, mis pensamientos catastróficos no me abandonan, pero por lo menos ahora ya me dan risa y los gozo. Así pues, me sacudo la cabeza y pienso, ¿que prefiero, que se emboben un rato en el videojuego o que estén como dos gallos peleándose, gritándose y lastimándose todo el tiempo?…… creo que la respuesta es obvia.
Y para mi tranquilidad, tengo un timer, que suena cada hora para indicar que deben de ponerle pausa al videojuego y salir a dar 5 vueltas al condominio (por lo menos invierten unos 20 minutos en hacerlo), y con eso obtengo paz y salud mental y hasta hoy, he sobrevivido a las vacaciones en casa.
Siendo Luis un Aspie, salir a lugares nuevos y muy concurridos (en estos días todo esta llenísimo) puede ser muy desafiante, se vuelve intolerante hacia el calor, el ruido y mil estímulos que recibe, por lo que tratamos de no sobre saturarlo con este tipo de salidas.
En fin, ya falta menos para que acaben y podamos retomar nuestros horarios y rutinas escolares.
Soy madre de Luis (8 años) a quien hace apenas 6 meses lo diagnosticaron con Síndrome de Aspergers, y de Miguel de 6 años, neurotípico con problemas de lenguaje.
Mi vida ha sido un caos desde que me estrené como madre. Todo el mundo opina, cuestiona, juzga, señala… poca gente comprende.
Ser madre de un Aspie, no es poca cosa y mucho menos cuando no terminas de entender qué es lo que está sucediendo con tu hijo y como puede afectar en tu vida.
Hoy, después de tantos años puedo decir que estoy en paz, conmigo misma y con Luis. Estos últimos meses he aprendido tanto de él y cada día me sorprendo de lo único y maravilloso que es. Sin embargo, he vivido tantos años en la ignorancia, que ese dolor todavía me sigue, como una sombra callada, permanente, dispuesta a aparecer y recordarme lo frágil que estoy.
La semana pasada recibí una nota de la maestra de Luis, donde hacía notar que nuevamente había estado molestando y pegando a sus compañeros y que estaba muy distraído en las lecciones. He de darle honor a Luis que hace varios meses no había recibido una nota de esa naturaleza, y aún así, me cayó como un balde de agua fría…. un recordatorio.
Me recordé hace seis años, en el primer grado de pre-kinder. Cada día que recogía a Luis en su salón, eran reclamos de parte de la maestra -¨No se puede estar quieto, Señora…. Ya le pegó en el ojo a Fulanito y le aventó un libro a Sutanito, y le jaló la trenza a Menganita…… Señora, su hijo necesita límites firmes en casa….. no obedece las órdenes, no se sienta, no escucha, límites, Señora lííííííímites…… la mamá de Fulanita y Sutanita ya se quejaron conmigo….bla bla bla bla….¨-
Y lo peor era tener que pasar por las miradas de desaprobación, de odio y de crítica de las otras mamás que solo chismeaban a mis espaldas en el ¨radiopasillo¨.
Día con día, mes con mes, año con año, estos reclamos han dejado una gran marca en mi interior. Desgraciadamente ese dolor que he aprendido a esconder está ahí, latente esperando a liberarse escondido entre el enojo y la rabia.
Admito que todavía le tengo mucho rencor a esa maestra, sé que ninguna de las dos sabíamos a lo que nos afrontábamos con Luis (en ese momento no estaba diagnosticado), pero sí la hago responsable de lo mal que manejó la situación, tenía que hacer un acercamiento íntimo y personal no diariamente y público en la puerta de su salón.
Hay mucha gente ignorante, que sólo juzga y opina de manera absurda y tonta ante una situación que desconoce totalmente. No fue la primer persona intransigente con la que me he topado y mucho menos será la última, sólo me queda ser suficientemente fuerte para poder afrontar a esas personas y poder proteger a Luis y a mí misma de la crueldad e ignorancia de ellas.