Este es un artículo que encontré en http://kidshealth.org/. Lo leí y decidí pegarlo para tenerlo presente y que me ayude a recordar cómo reaccionar.
OJO: este artículo está dirigido a niños Neurotípicos, pero igual podemos intentar aplicar algunas cosas.
Los padres esperan que las rabietas se pasen a partir de los dos años, pero los berrinches no desaparecen necesariamente a partir de esa edad. Los niños mayores a veces también tienen dificultades para manejar la ira y la frustración.
Algunos niños sólo pierden la calma de vez en cuando. Pero a otros les cuesta asumir que las cosas no son como ellos desean. Los niños que tienden a tener reacciones fuertes por naturaleza necesitarán más ayuda de los padres para manejar sus rabietas.
Controlar las explosiones de rabia puede ser difícil para los niños, y ayudarles a aprender a hacerlo es una tarea dura para los padres que los aman. Intente ser paciente y tener una actitud positiva, y tenga presente que desarrollar esta habilidad puede requerir tiempo, aunque casi todos los niños son capaces de mejorar con el apoyo adecuado.
Saber cómo tratar a los hijos puede ser un reto. Algunos días puede parecer imposible mantener la paz y no perder los estribos. Pero si se enfrenta tanto a un berrinche ocasional como a un comportamiento habitual de arrebatos de rabia, manejar su propia ira cuando las cosas se pongan al rojo vivo hará que sea más fácil enseñar a sus hijos a hacer lo mismo.
Para ayudar a que un niño se calme cuando tiene una rabieta, intente convertirse en un aliado de su hijo; los dos estarán a favor de que su hijo pueda triunfar sobre la rabieta que está creando problemas.
A pesar de que puede ser fácil perder la paciencia con los arranques de rabia, el antagonismo, la actitud desafiante, las discusiones o las contestaciones, es precisamente en estos episodios cuando más necesita la paciencia. Por supuesto que sentirá enfado, pero lo que cuenta es cómo maneje esa emoción.
Reaccionar a las pataletas de los niños con gritos y arrebatos de ira también por su parte es una manera de enseñarles que también hagan lo mismo. Pero si usted es capaz de mantener la calma cuando se enfrenta a una situación frustrante, estará mostrando —y enseñando— maneras adecuadas de manejar la ira y la frustración.
Pongamos el caso de que oye que a sus hijos pelearse por un juguete en la habitación de al lado. Los ha ignorado con la esperanza de que ellos mismos resuelvan el conflicto solos. Pero la discusión se transforma en gritos, y pronto llegan ruidos de portazos, golpes y llantos. Usted decide intervenir antes de que se hagan daño de verdad.
Cuando llega al escenario de la pelea, puede que usted ya esté al límite. Escuchar gritos es algo irritante, y quizá le esté frustrando el hecho de que sus hijos no sean capaces de compartir sus juguetes o llegar a un acuerdo. ¡Y además sabe que se están pelando por un juguete que dentro de poco habrán perdido, roto o ignorado!
- Hey, tal parece que me han estado observando!
Así que, ¿cuál sería la mejor manera de reaccionar? Manteniendo su propio autocontrol. Enseñar con el ejemplo es su herramienta más poderosa. Hable con tranquilidad, claridad y firmeza; en vez de con ira, culpabilizando o lanzando críticas duras, amenazas o desprecios. Por supuesto, es mucho más fácil decir esto que hacerlo. Pero recuerde que está intentando enseñar a su hijo cómo manejar su ira. Si usted grita o le amenaza, estará inculcando un modelo de comportamiento exactamente del tipo que quiere evitar. Sus hijos se darán cuenta de que está tan enfadado y es tan incapaz de controlar su propia ira, que lo único que puede hacer es gritar, y esto no les ayudará a aprender a no gritar.
- Si sí lo entiendo, el chiste es hacerlo!
Manejar las emociones y el comportamiento son habilidades que se van desarrollando poco a poco a lo largo de la infancia. Como con otras habilidades, los niños necesitan aprenderlas y practicarlas con su ayuda.
Si es poco habitual en su hijo tener una rabieta, en las raras ocasiones en que ocurra lo único que tiene que hacer es repetir las normas claramente, aunque con calma. “Ya sé que estás disgustado, pero nada de gritos e insultos, por favor” puede ser todo lo que su hijo necesite para recuperar la compostura. Continúe dándole instrucciones con claridad, calma y paciencia, como, por ejemplo, “dime por qué estás disgustado” o “por favor, discúlpate con tu hermano por haberlo insultado”. De este modo, estará guiando a su hijo para que vuelva a tener un comportamiento aceptable y alentándolo para que desarrolle el autocontrol.
Los niños que tienen pataletas de manera habitual pueden carecer del autocontrol que se necesita para manejar la frustración y la ira, y pueden necesitar más ayuda para manejar esas emociones. Los siguientes pasos pueden ayudar:
Ayude a los niños a expresarse hablando. Si su hijo está teniendo una rabieta, averigüe qué le pasa. Si es necesario, haga que se quede un rato sin jugar y quieto en un lugar apartado hasta que se calme, y recuérdele con tranquilidad cuáles son las normas y lo que se espera que haga: “No se grita ni se tiran cosas; por favor, deja de hacer eso ahora mismo y cálmate”. Recuerde a su hijo que hable sin lloriquear, sin estar enfurruñado o gritando. Cuando su hijo se haya calmado, pregúntele por qué está enfadado. Podría decirle: “Cuéntame con tus palabras lo que te pasa y qué es lo que te ha hecho enojarte”. Haciendo esto, ayuda a su hijo a expresar sus emociones con palabras y a descubrir qué es lo que se necesita, si es que se necesita algo, para solucionar el problema.
Escuche y responda. Cuando su hijo exprese sus sentimientos con palabras, su papel es escucharlo y decirle lo que entiende. Si a su hijo le cuesta encontrar las palabras, intente ayudarlo: “así que te has enfadado por eso”, “debes sentirte frustrado” o “eso debe haberte herido en tus sentimientos”. Ofrézcale ayuda para encontrar una respuesta si hay algún problema que resolver, o si es necesaria alguna disculpa. Muchas veces, lo único que necesitan los niños para recuperar la compostura es sentir que se les escucha y se les entiende. Pero al mismo tiempo que escucha lo que siente su hijo, es importante dejar claro que las emociones fuertes no son una excusa para el comportamiento inaceptable. “Sé que estás enfado, pero aún así pegar no está bien”. Después dígale a su hijo algunas cosas que podría hacer en vez de eso.
- Desgraciadamente Luis no habla y mucho menos expresar sus sentimientos, probablemente normal en los Aspies!!
Cree unas reglas básicas claras y sígalas. Establezca y mantenga unas expectativas claras de lo que es aceptable y lo que no lo es. Puede hacer esto sin recurrir a amenazas, acusaciones o desprecio. Su hijo recibirá el mensaje si usted le explica de manera simple y clara lo que está prohibido y lo que quiere que haga. Podría decirle: “En esta casa no se grita. Utiliza tus palabras para explicarme por qué te sientes mal”.
O pruebe esto:
Los niños que han aprendido que no está bien gritar, pegar o arrojar cosas cuando están disgustados necesitan otras estrategias para calmarse cuando están enfadados. Déles algunas ideas para ayudarles a aprender maneras seguras de dejar salir la ira o a encontrar otras actividades que puedan contribuir a que estén de mejor humor.
Hacer un descanso de la situación. Explique a sus hijos que está bien alejarse del conflicto para evitar un arrebato de ira. Yéndose a otra parte de la casa o al patio, un niño puede tomarse su tiempo para intentar calmarse.
Encontrar una manera (segura) de dejar salir la ira. No hace falta que dé puñetazos a las paredes o ni siquiera a un cojín, pero puede sugerirle maneras positivas para que el niño se desahogue. Dar una serie de saltos o bailar alrededor de la cama, o salir al exterior para hacer ejercicios gimnásticos, como ruedas, pueden ser buenas opciones. O tal vez su hijo elija escribir o hacer un dibujo sobre lo que le ha hecho sentirse mal.
- Lo intentaré.
Aprender a cambiar. Esta estrategia es difícil para los niños, y también para los adultos. Explíquele que calmarse consiste en parte en pasar de estar muy enfadado a estar en un estado de ánimo en el que se tiene una mayor sensación de control. En vez de pensar en la persona o situación que le ha provocado el enfado, anime a su hijo o hija a que piense en alguna otra cosa que pueda hacer. Sugiérale cosas en qué pensar o qué hacer con las que pueda ponerse de mejor humor. Tal vez su hijo se sentirá mejor después de dar una vuelta a la manzana, dar un paseo en bici, jugar a algún juego, leer un libro que le guste mucho, cavar en el jardín o escuchar su música preferida. Intente una de estas cosas para poder experimentar de qué modo hacer algo diferente puede cambiar la manera en que se siente una persona.
Afortunadamente los episodios de ira fuerte no ocurren con demasiada frecuencia en la mayoría de los niños. Los que tienen problemas con las rabietas a menudo son niños con un carácter tenaz, activos y con una gran energía que necesitan descargar.
Pruebe estas medidas en los momentos de calma; puede evitar los problemas antes de que empiecen ayudando a sus hijos a aprender y practicar las habilidades que necesitarán para manejar las crisis:
Ayúdeles a identificar las emociones. Ayude a los niños a adquirir el hábito de decir lo que están sintiendo y por qué; por ejemplo: “Estoy furioso porque tengo que limpiar mi habitación mientras mis amigos están jugando.” Explicarlo con palabras no liberará al niño de realizar sus tareas, pero hablar de ello puede calmar la situación. Elogie a su hijo por hablar de lo que le sucede en vez de dar portazos, por ejemplo.
Trate de que los niños hagan mucho ejercicio físico. El juego activo puede ayudar mucho a los niños que tienen grandes rabietas. Anime a los niños para que practiquen los juegos y deportes que les gustan en el exterior. El kárate, la lucha libre y correr pueden ser especialmente buenos para los niños que intentan aplacar sus rabietas. Pero cualquier actividad que haga que el corazón bombee puede ser buena para descarga energía y estrés.
Ayude a su hijo a recuperar el control. Compare una rabieta con un cachorro que aún no ha aprendido a comportarse y que corre por todas partes revolviéndolo todo. Los cachorros no son malos, pero necesitan que se les entrene para que puedan aprender que los zapatos no se comen y que no deben saltar sobre las personas o ciertos muebles, etc. La cuestión es que las rabietas de su hijo —como los cachorros— requieren entrenamiento para aprender cuándo está bien jugar, cómo usar la energía extra y cómo seguir las reglas.
Intente ser flexible. La crianza de los hijos puede ser una experiencia agotadora, pero intente no ser demasiado rígido. Escuchar un coro que constantemente dice “no” puede ser desalentador para los niños. Por supuesto, a veces un “no” es la única respuesta posible: “¡no, no puedes montar en bicicleta sin llevar el casco!”. Pero otras veces, se les puede dejar ganar algún tanto. Por ejemplo, si su hijo quiere seguir jugando un poco más con la Nintendo, quizá podría dejarle unos 15 minutos más.
- En eso estoy y Sí me ha funcionado!!!!
Como sabe cualquiera que se haya enfadado de verdad, seguir un consejo sensato puede ser muy difícil cuando las emociones se disparan. Dé a sus hijos la responsabilidad de controlarse, pero esté cerca de ellos para recordarles cómo hacerlo.
- Yo necesito a mi mamá para que me lo recuerde….
La mayoría de los niños pueden aprender a manejar su ira y su frustración. Pero si su hijo se enreda frecuentemente en peleas y discusiones con amigos, hermanos y adultos, puede que esté necesitando ayuda externa. Hable con otros adultos con los que se relacione su hijo; los profesores, consejeros escolares y entrenadores de su hijo podrían ayudarle, y su pediatra podría recomendarle un psicólogo o terapeuta.
Revisado por: D’Arcy Lyness, PhD
Fecha de revisión: abril de 2009
Me siento frustrada, tal parece que cuanto mas me propongo cambiar, tolerar y ser mas paciente, mi otro YO decide que será él quien tome cartas en el asunto de como manejar las cosas. Falle, nuevamente. Otra noche llena de dramas, lloridos y gritos.
Todo comenzó cuando, regresando de sus clases de terapias, les pedí a mis hijos meterse a bañar, generalmente se resisten, pero lo hacen. En esta ocasión Luis estaba muy entretenido no se en que, y no quiso hacerlo. Bueno, fórmula mágica ” puede bajar a cenar y luego a bañarse”. Estando cenando, le pedí que hiciera la tarea. “Puede cenar mientras hace la tarea” no es muy buena disciplina, pero preferí aplicar la fórmula para evitar problemas.
Una vez que hubo terminado la primer parte de la tarea, estaba medio agobiado. Le propuse que se fuera a bañar en lo que resolvía de qué se trataba la segunda parte de la tarea, matemáticas.
Acepto…..todo iba bien hasta que dijo -“Pero me acompañasssss?”. Escrito en este momento no se oye tan fuera de lugar, pero para mí, en ese momento me molestó muchísimo. -” A ver Luis, hace media hora te pedí que te bañaras al mismo tiempo que tu hermano, TÚ decidiste hacerlo después; yo se que te da miedo subir solo, pero tienes ya 8 años y creo realmente, que puedes hacerlo tú mismo” – le dije, con la esperanza de convencerlo.
Fue suficiente para entrar en otra crisis……AAAAWWWWWW!!! Empezó a llorar y suplicar que lo acompañara, yo en mi orgullosa necedad me negué. En eso, se volteó a su hermano, quien tiene 5 años, y le pidió que lo acompañara. Accedió. Traté de hacerle hincapié, de una manera muy sarcástica, que era el colmo que teniendo él 8 años se sintiera mejor acompañado por uno de 5, tres años menor que él……. Se me olvida que los Aspies no comprenden los sarcasmos, lo cual me dejó mas gruñona.
Algo que no supe identificar en ese momento, fue si el problema se originó por el lado Aspie o por Rivalidad de hermanos, algo que nos ha causado muchos problemas de comportamiento desde siempre.
El diablillo sentado en mi hombro izquierdo me susurró al oído, que seguramente era por Rivalidad de Hermanos, y que en realidad lo que quería era separarme de su hermano. Dudé, pero me cuadró.
Cuando se subieron a bañarse, Luis iba como si nada, y dejó a su hermano jugando en su cuarto. Nos pidió que no se fuera a bajar a cenar. Ya era tarde, y mi único razonamiento inteligente se había esfumado hace tiempo. Una vez que escuche que se había metido a bañar, le pedí a su hermanito que ya se bajara para seguir cenando.
Cuando salió de bañarse y se dio cuenta de que ya se había bajado su hermano, se puso histérico, comenzó a berrear y gritar. Nosotros seguimos cenando, haciendo caso omiso del berrinche. Siguiendo la técnica de distracción, prendí la tele y puse la Pantera Rosa. Traté de ignorar el llanto y lo invité a ver la tele. No quiso.
Me senté a lado de su hermanito a ver la tele y esperar a que la tormenta pasara. En ese momento, su hermanito se volteó y me dijo -“Ooootra vez con esto mamá, mejor hubiera sido que no lo tuvieras, para que no pasaran estas cosas” - me destrozó el corazón, y no por mi, sino porque me dejó ver cuánto le afectan todos estos dramas, pobrecito!
Mientras tanto, el gato se escapó a la sala y aproveché esto para hacerle más al cuento con regresarlo a la cocina (esperando lograr sacar a Luis de su estado crítico), le saque croquetas, lo perseguí, le pedí que me ayudara a atraparlo, y nada.
Escuché,movimiento arriba de las escaleras mientras me seguía haciendo loca con el gato. En eso, baja Luis, otra vez enojado y con el palo de metal que anteriormente mencioné en Tocando Fondo Parte 1.
Ohhhhh, ahí vamos de nuevo!!!!!! Pero esta vez me volteé hacia él y le dije -“En serio? El palo otra vez?, yaaa, no?” - le dí la espalda y seguí tratando de sacar al gato debajo de la mesa.
Luis no supo que hacer, se sacó de onda por mi no reacción. Aunque eso no le impidió torearme un poco con el palo y darme en la mano cuando traté de quitárselo. Me rendí, y continué buscando al gato. A los tres minutos, se sentó a cenar y a ver la tele.
La crisis había pasado, o por lo menos eso había pensado.
Terminamos de cenar en calma. Le pedí a Luis, que por favor regresara el palo de metal a su lugar. Accedió y nos subimos a su cuarto. Pero en vez de irlo a guardar se metió al cuarto de su hermano. Le pedí que se saliera y fuera a guardarlo. Se negó.
Y comenzó de nuevo la crisis. Conté hasta cien esta vez, pidiéndole que lo guardara y no quiso. Todo comenzó a salirse de lugar, lo traté de ignorar nuevamente, lo amenacé de no acompañarlo a dormir y nada.
Me fui a desmaquillar y a ponerme la pijama, esperando que se calmara y dejara el MALDITO palo en su lugar. Les digo que mi necedad me sabotea para poder tener tranquilidad. Qué fàcil hubiera sido dejar el tema del palo a un lado e irlo a acostar.
Finalmente, después de unos 45 minutos de pleito, entré a su cuarto, puse su música clásica (la cual nos ayuda a relajarnos y prepararnos para dormir), y me senté en su cama, toda enojada, frustrada y maldiciendo en mi interior. Luis se acomodó en su cama y se durmió.
Yo acabé completamente fatigada y enojada conmigo misma, por no poder ponerle un alto a este tipo de conflictos tan estúpidos que impiden que mi relación con mi hijo sane.
Mas no me daré por vencida. Hoy es otro día y trataré de contener mi impulsividad para no engancharme en las crisis de Luis.
Ya han pasado varios días desde que mi terapeuta me ofreció aplicar la fórmula matemática en mi relación madre-hijo Aspie, y he de decirles que milagrosamente… ha funcionado. No quiero decir que estos días han pasado sin drama, berrinches o gritos de mi parte, como lo leerán abajo, pero si han estado un poco más bajo control.
Por ejemplo, el miércoles pasado, Luis olvidó su cuaderno de tareas en la escuela, por lo que no pudimos hacerla ese día. No pasó a más, previa notificación a la maestra. Sin embrago al día siguiente, teníamos que hacer no sólo la tarea del jueves sino la del día anterior, y realmente se acumuló muchísima.
La tarde empezó como siempre, llegamos de la escuela y le pregunté si quería comer, después de preguntarle varias veces, me susurró que si. En lo que calentaba la comida, se puso a jugar con un motor eléctrico, tuercas, cables, pilas, etc, y empezó a armar lo que parecía un insecto-robot. Su hermanito y yo, ya estábamos sentados y comenzando a comer. Su comida, se estaba enfriando. Le insistí varias veces que se sentara, pero estaba demasiado concentrado haciendo su ¨creación¨. Me acorde de la fórmula mágica ¨el orden de los factores no altera el producto¨ - puede armar su invento y luego comer -, así que deje de insistir. Me sorprendí que a los cinco minutos vino corriendo, se comió su sopa y se fue. Bueno, al menos había comido algo, le dije que le iba a guardar su comida para la cena, y aceptó.
Una hora después, le recordé que tenía que empezar la tarea porque era mucha y no quería que la acabara muy tarde. Obviamente no la quería hacer, quería salir a jugar con su hermanito y Martina (la sra. que me ayuda al quehacer). Nuevamente me acordé de la fórmula y le dije -¨Puedes salir a jugar 15 minutos pero regresas a hacer parte de la tarea, y luego nuevamente sales otros 15 minutos y así nos la llevamos, va?¨- Emocionado, aceptó. Les di un timer y le recordé que iba a sonar a los 15 minutos para que se regresaran. Mientras salieron a jugar me puse a pintar (terapia antiestress que me funciona de maravilla). Estaba convencida de que no iban a regresar y ya estaba resignándome a no hacer la tarea.
Cual fue mi sorpresa cuando a los 15 minutos estaban de vuelta. Entró corriendo y empezó a hacer la primera de cuatro tareas. La acabó de volada. Le dimos cuerda al timer y se volvieron a salir a jugar. Me quedé con la boca abierta, pero me quedé anonadada cuando se repitió una segunda vez. Sin embargo, con la prisa de regresar al sonar la campana, Luis se tropezó y se raspó el codo. Lo cual lo sacó de su modo ¨responsable¨y dijo que le dolía mucho el codo para seguir haciendo la tarea…..mmmhhh! bueno, lograr la mitad de la tarea sin dramas, fue un gran avance.
Se subieron a jugar a su recámara, armaron las vías de un trenecito eléctrico y comenzaron a construir puentes y túneles, todo iba bien, hasta que se empezaron a pelear y Luis derribó la construcción de su hermanito y le lanzó una patada a la cabeza, su hermano enojado se le abalanzó y le dio una mordida en el brazo. Para cuando subí estaban uno encima del otro llorando y gritando. Me enojé muchísimo por la patada que le había lanzado, y lo castigué pidiéndole que se retirara a su cuarto por 10 minutos.
-No- respondió. -¿Perdón?, dije, pero por más que le repetí que se fuera del cuarto porque no iba a permitir que lastimara ni a su hermano ni a nadie, no logré que se moviera. Respiré profundamente, conté hasta diez, veinte, treinta, pero nuevamente vinieron mis gritos, las amenazas, los jalones y no logré sacarlo. Intenté salirme con su hermano, pero siguió el drama.
Siempre que nos enganchamos en un drama de este tipo funciona muy bien sacar algún factor distractor, la tele, un cuento, un juego… algo. En esta ocasión se me ocurrió meter a bañar a su hermano y comenzar a hacerla plática de la manga del muerto. Le pedí a Luis que se bañara y me respondió con otro frío y tajante ¨no¨. Le dije enojada que no me importaba si se bañaba o no, pero que si no lo hacía, el raspón del codo se le iba a infectar y a llenar de pus y que le iba a doler muchísimo después.
Luis duró silencioso a mis espaldas un rato más, hasta que se fue. Uff, había pasado el drama.
Bajé con su hermano a preparar la cena. A los tres minutos bajó Luis bañado y empijamado, le calenté su comida de la tarde y nos sentamos a cenar. Platicamos de la inmortalidad del cangrejo, y por platicar me refiero a una comunicación tipo ¨mmm¨, ¨no¨, ¨si¨, ¨gmmhmmg¨, pero hay días mejores, o mas bien temas mejores, que les llama la atención y se explayan más.
Le pregunté por última vez si quería completar su tarea, y después de dudarlo mucho, me dijo que sí pero después de cenar. Se oye fácil decir que lo haga a la hora que quiera, pero cuando me echo uno o dos dramas al día, para las 8pm ya estoy muerta de cansancio y lo único que quiero es irme a dormir. Nuevamente apliqué la fórmula: que cene antes de hacer la tarea. Media hora después, ya había acabado.
Moraleja, sí funciona la fórmula matemática, sólo es cuestión de aplicarla lo más que se pueda para poder funcionar todos armoniosamente.
Me sigue costando mucho trabajo ceder, sigo peleándome entre la idea de ¨muchacho malcriado que hace todo lo que quiere¨y ¨niño Aspie que necesita más comprensión al momento que cambia su ambiente y se altera¨. En eso estoy…..