Soy madre de Luis (8 años) a quien hace apenas 6 meses lo diagnosticaron con Síndrome de Aspergers, y de Miguel de 6 años, neurotípico con problemas de lenguaje.
Mi vida ha sido un caos desde que me estrené como madre. Todo el mundo opina, cuestiona, juzga, señala… poca gente comprende.
Ser madre de un Aspie, no es poca cosa y mucho menos cuando no terminas de entender qué es lo que está sucediendo con tu hijo y como puede afectar en tu vida.
Hoy, después de tantos años puedo decir que estoy en paz, conmigo misma y con Luis. Estos últimos meses he aprendido tanto de él y cada día me sorprendo de lo único y maravilloso que es. Sin embargo, he vivido tantos años en la ignorancia, que ese dolor todavía me sigue, como una sombra callada, permanente, dispuesta a aparecer y recordarme lo frágil que estoy.
La semana pasada recibí una nota de la maestra de Luis, donde hacía notar que nuevamente había estado molestando y pegando a sus compañeros y que estaba muy distraído en las lecciones. He de darle honor a Luis que hace varios meses no había recibido una nota de esa naturaleza, y aún así, me cayó como un balde de agua fría…. un recordatorio.
Me recordé hace seis años, en el primer grado de pre-kinder. Cada día que recogía a Luis en su salón, eran reclamos de parte de la maestra -¨No se puede estar quieto, Señora…. Ya le pegó en el ojo a Fulanito y le aventó un libro a Sutanito, y le jaló la trenza a Menganita…… Señora, su hijo necesita límites firmes en casa….. no obedece las órdenes, no se sienta, no escucha, límites, Señora lííííííímites…… la mamá de Fulanita y Sutanita ya se quejaron conmigo….bla bla bla bla….¨-
Y lo peor era tener que pasar por las miradas de desaprobación, de odio y de crítica de las otras mamás que solo chismeaban a mis espaldas en el ¨radiopasillo¨.
Día con día, mes con mes, año con año, estos reclamos han dejado una gran marca en mi interior. Desgraciadamente ese dolor que he aprendido a esconder está ahí, latente esperando a liberarse escondido entre el enojo y la rabia.
Admito que todavía le tengo mucho rencor a esa maestra, sé que ninguna de las dos sabíamos a lo que nos afrontábamos con Luis (en ese momento no estaba diagnosticado), pero sí la hago responsable de lo mal que manejó la situación, tenía que hacer un acercamiento íntimo y personal no diariamente y público en la puerta de su salón.
Hay mucha gente ignorante, que sólo juzga y opina de manera absurda y tonta ante una situación que desconoce totalmente. No fue la primer persona intransigente con la que me he topado y mucho menos será la última, sólo me queda ser suficientemente fuerte para poder afrontar a esas personas y poder proteger a Luis y a mí misma de la crueldad e ignorancia de ellas.
Han sido un par de semanas muy interesantes.
He tenido varias oportunidades para poner a prueba el uso de la psicología inversa.
La primera vez fue un sábado, teníamos que prepararnos para asistir a una de las terapias sabatinas de Luis (que nos iban a reponer). Desde que se despertó nos comunicó que él no iba a ir y decidió no vestirse. Ignoré los comentarios y decidí enfrentarme a eso más tarde y usando mi nueva fórmula.
Todos estábamos ya preparados para irnos, excepto, claro, Luis quien seguía en pijama y viendo tele. Me volteé a el y le dije -¨Pues que lástima que no vas a ir, porque ya teníamos planeado ir al cine después de la terapia, pero como no vas, te la vas a perder¨-. Agarré un post-it, apunté mi celular, le dije que se cuidara mucho, que cualquier problema que me hablara y que regresábamos hasta la tarde. Mi esposo, su hermano y yo, nos bajamos al coche.
Luis reaccionó, trató de negociar ir al cine pero no a la terapia (obviamente, nada tonto). Pero como realmente nos vio decididos a dejarlo, salió corriendo con su ropa y zapatos en mano y se subió al coche -¨Pero quiero palomitas!!!!¨- afirmó.
Mi esposo y yo (quienes ya estábamos realmente resignados a dejarlo), nos volteamos a ver con los ojos y boca abiertos, y sin hacer ningún comentario nos fuimos…. Realmente nos sorprendió lo fácil que fue manejar esta situación, sobretodo por la reciente experiencia con lo de la escuela que no quería ir y todo acabó un poco más dramático. Mi esposo y yo, nos sentimos victoriosos y orgullosos de saber manejar y esquivar una mayor crisis emocional!!! Cabe mencionar que ese sábado disfrutamos mucho el día, pese a que regresamos a casa hasta la noche, no hubo crisis, no hubo enojos ni frustraciones por parte de nadie. Fue un día muy feliz y tranquilo. :)
La segunda vez, decidimos ir a pasar un fin de semana en un hotelito cerca de San Miguel de Allende, jardines amplios, alberca calientita, poca gente, sol y aire fresco, qué mas podíamos pedir. Por la tarde decidimos ir al centro del pueblo a comer, Luis quería nadar (qué niño no querría), pero le dijimos que mejor regresando sus abuelos se metían con ellos a nadar. Nuevamente comenzó a negarse y decir que él se quedaba en el hotel, mi primera reacción fue decirle que estaba loco que no se podía quedar solo en el hotel…..después recordé la psicología inversa. Le ignoré en lo que todos nos preparábamos para irnos. Nuevamente se volteó y me recordó que él se iba a quedar, esta vez le dije -¨Como quieras, pero no le abras la puerta a nadie¨-
Sin darme cuenta, se subió corriendo a la parte trasera del coche. Cuando nos subimos, él estaba escondido y su papá (quien lo había visto subirse) hacía la faramalla de que Luis se había quedado solito en el hotel. Por suerte lo vi de reojo y me tranquilicé. Unos minutos después gritó -¨Pero regresando nadamos!!¨-
Desgraciadamente nos agarró una mega tromba y nos dejó atrapados en el restaurante lo suficiente para que anocheciera y como el hotel estaba a 20 minutos ya llegamos muy tarde y no pudieron nadar. SIn embargo no cayó en crisis, lo cual me alegro muchísimo!!
Así que reafirmo, la psicología inversa sí funciona y funciona muy bien.
Más adelante les platicaré de cómo nos fue a la hora de la alberca .
Este es un artículo que encontré en http://kidshealth.org/. Lo leí y decidí pegarlo para tenerlo presente y que me ayude a recordar cómo reaccionar.
OJO: este artículo está dirigido a niños Neurotípicos, pero igual podemos intentar aplicar algunas cosas.
Los padres esperan que las rabietas se pasen a partir de los dos años, pero los berrinches no desaparecen necesariamente a partir de esa edad. Los niños mayores a veces también tienen dificultades para manejar la ira y la frustración.
Algunos niños sólo pierden la calma de vez en cuando. Pero a otros les cuesta asumir que las cosas no son como ellos desean. Los niños que tienden a tener reacciones fuertes por naturaleza necesitarán más ayuda de los padres para manejar sus rabietas.
Controlar las explosiones de rabia puede ser difícil para los niños, y ayudarles a aprender a hacerlo es una tarea dura para los padres que los aman. Intente ser paciente y tener una actitud positiva, y tenga presente que desarrollar esta habilidad puede requerir tiempo, aunque casi todos los niños son capaces de mejorar con el apoyo adecuado.
Saber cómo tratar a los hijos puede ser un reto. Algunos días puede parecer imposible mantener la paz y no perder los estribos. Pero si se enfrenta tanto a un berrinche ocasional como a un comportamiento habitual de arrebatos de rabia, manejar su propia ira cuando las cosas se pongan al rojo vivo hará que sea más fácil enseñar a sus hijos a hacer lo mismo.
Para ayudar a que un niño se calme cuando tiene una rabieta, intente convertirse en un aliado de su hijo; los dos estarán a favor de que su hijo pueda triunfar sobre la rabieta que está creando problemas.
A pesar de que puede ser fácil perder la paciencia con los arranques de rabia, el antagonismo, la actitud desafiante, las discusiones o las contestaciones, es precisamente en estos episodios cuando más necesita la paciencia. Por supuesto que sentirá enfado, pero lo que cuenta es cómo maneje esa emoción.
Reaccionar a las pataletas de los niños con gritos y arrebatos de ira también por su parte es una manera de enseñarles que también hagan lo mismo. Pero si usted es capaz de mantener la calma cuando se enfrenta a una situación frustrante, estará mostrando —y enseñando— maneras adecuadas de manejar la ira y la frustración.
Pongamos el caso de que oye que a sus hijos pelearse por un juguete en la habitación de al lado. Los ha ignorado con la esperanza de que ellos mismos resuelvan el conflicto solos. Pero la discusión se transforma en gritos, y pronto llegan ruidos de portazos, golpes y llantos. Usted decide intervenir antes de que se hagan daño de verdad.
Cuando llega al escenario de la pelea, puede que usted ya esté al límite. Escuchar gritos es algo irritante, y quizá le esté frustrando el hecho de que sus hijos no sean capaces de compartir sus juguetes o llegar a un acuerdo. ¡Y además sabe que se están pelando por un juguete que dentro de poco habrán perdido, roto o ignorado!
- Hey, tal parece que me han estado observando!
Así que, ¿cuál sería la mejor manera de reaccionar? Manteniendo su propio autocontrol. Enseñar con el ejemplo es su herramienta más poderosa. Hable con tranquilidad, claridad y firmeza; en vez de con ira, culpabilizando o lanzando críticas duras, amenazas o desprecios. Por supuesto, es mucho más fácil decir esto que hacerlo. Pero recuerde que está intentando enseñar a su hijo cómo manejar su ira. Si usted grita o le amenaza, estará inculcando un modelo de comportamiento exactamente del tipo que quiere evitar. Sus hijos se darán cuenta de que está tan enfadado y es tan incapaz de controlar su propia ira, que lo único que puede hacer es gritar, y esto no les ayudará a aprender a no gritar.
- Si sí lo entiendo, el chiste es hacerlo!
Manejar las emociones y el comportamiento son habilidades que se van desarrollando poco a poco a lo largo de la infancia. Como con otras habilidades, los niños necesitan aprenderlas y practicarlas con su ayuda.
Si es poco habitual en su hijo tener una rabieta, en las raras ocasiones en que ocurra lo único que tiene que hacer es repetir las normas claramente, aunque con calma. “Ya sé que estás disgustado, pero nada de gritos e insultos, por favor” puede ser todo lo que su hijo necesite para recuperar la compostura. Continúe dándole instrucciones con claridad, calma y paciencia, como, por ejemplo, “dime por qué estás disgustado” o “por favor, discúlpate con tu hermano por haberlo insultado”. De este modo, estará guiando a su hijo para que vuelva a tener un comportamiento aceptable y alentándolo para que desarrolle el autocontrol.
Los niños que tienen pataletas de manera habitual pueden carecer del autocontrol que se necesita para manejar la frustración y la ira, y pueden necesitar más ayuda para manejar esas emociones. Los siguientes pasos pueden ayudar:
Ayude a los niños a expresarse hablando. Si su hijo está teniendo una rabieta, averigüe qué le pasa. Si es necesario, haga que se quede un rato sin jugar y quieto en un lugar apartado hasta que se calme, y recuérdele con tranquilidad cuáles son las normas y lo que se espera que haga: “No se grita ni se tiran cosas; por favor, deja de hacer eso ahora mismo y cálmate”. Recuerde a su hijo que hable sin lloriquear, sin estar enfurruñado o gritando. Cuando su hijo se haya calmado, pregúntele por qué está enfadado. Podría decirle: “Cuéntame con tus palabras lo que te pasa y qué es lo que te ha hecho enojarte”. Haciendo esto, ayuda a su hijo a expresar sus emociones con palabras y a descubrir qué es lo que se necesita, si es que se necesita algo, para solucionar el problema.
Escuche y responda. Cuando su hijo exprese sus sentimientos con palabras, su papel es escucharlo y decirle lo que entiende. Si a su hijo le cuesta encontrar las palabras, intente ayudarlo: “así que te has enfadado por eso”, “debes sentirte frustrado” o “eso debe haberte herido en tus sentimientos”. Ofrézcale ayuda para encontrar una respuesta si hay algún problema que resolver, o si es necesaria alguna disculpa. Muchas veces, lo único que necesitan los niños para recuperar la compostura es sentir que se les escucha y se les entiende. Pero al mismo tiempo que escucha lo que siente su hijo, es importante dejar claro que las emociones fuertes no son una excusa para el comportamiento inaceptable. “Sé que estás enfado, pero aún así pegar no está bien”. Después dígale a su hijo algunas cosas que podría hacer en vez de eso.
- Desgraciadamente Luis no habla y mucho menos expresar sus sentimientos, probablemente normal en los Aspies!!
Cree unas reglas básicas claras y sígalas. Establezca y mantenga unas expectativas claras de lo que es aceptable y lo que no lo es. Puede hacer esto sin recurrir a amenazas, acusaciones o desprecio. Su hijo recibirá el mensaje si usted le explica de manera simple y clara lo que está prohibido y lo que quiere que haga. Podría decirle: “En esta casa no se grita. Utiliza tus palabras para explicarme por qué te sientes mal”.
O pruebe esto:
Los niños que han aprendido que no está bien gritar, pegar o arrojar cosas cuando están disgustados necesitan otras estrategias para calmarse cuando están enfadados. Déles algunas ideas para ayudarles a aprender maneras seguras de dejar salir la ira o a encontrar otras actividades que puedan contribuir a que estén de mejor humor.
Hacer un descanso de la situación. Explique a sus hijos que está bien alejarse del conflicto para evitar un arrebato de ira. Yéndose a otra parte de la casa o al patio, un niño puede tomarse su tiempo para intentar calmarse.
Encontrar una manera (segura) de dejar salir la ira. No hace falta que dé puñetazos a las paredes o ni siquiera a un cojín, pero puede sugerirle maneras positivas para que el niño se desahogue. Dar una serie de saltos o bailar alrededor de la cama, o salir al exterior para hacer ejercicios gimnásticos, como ruedas, pueden ser buenas opciones. O tal vez su hijo elija escribir o hacer un dibujo sobre lo que le ha hecho sentirse mal.
- Lo intentaré.
Aprender a cambiar. Esta estrategia es difícil para los niños, y también para los adultos. Explíquele que calmarse consiste en parte en pasar de estar muy enfadado a estar en un estado de ánimo en el que se tiene una mayor sensación de control. En vez de pensar en la persona o situación que le ha provocado el enfado, anime a su hijo o hija a que piense en alguna otra cosa que pueda hacer. Sugiérale cosas en qué pensar o qué hacer con las que pueda ponerse de mejor humor. Tal vez su hijo se sentirá mejor después de dar una vuelta a la manzana, dar un paseo en bici, jugar a algún juego, leer un libro que le guste mucho, cavar en el jardín o escuchar su música preferida. Intente una de estas cosas para poder experimentar de qué modo hacer algo diferente puede cambiar la manera en que se siente una persona.
Afortunadamente los episodios de ira fuerte no ocurren con demasiada frecuencia en la mayoría de los niños. Los que tienen problemas con las rabietas a menudo son niños con un carácter tenaz, activos y con una gran energía que necesitan descargar.
Pruebe estas medidas en los momentos de calma; puede evitar los problemas antes de que empiecen ayudando a sus hijos a aprender y practicar las habilidades que necesitarán para manejar las crisis:
Ayúdeles a identificar las emociones. Ayude a los niños a adquirir el hábito de decir lo que están sintiendo y por qué; por ejemplo: “Estoy furioso porque tengo que limpiar mi habitación mientras mis amigos están jugando.” Explicarlo con palabras no liberará al niño de realizar sus tareas, pero hablar de ello puede calmar la situación. Elogie a su hijo por hablar de lo que le sucede en vez de dar portazos, por ejemplo.
Trate de que los niños hagan mucho ejercicio físico. El juego activo puede ayudar mucho a los niños que tienen grandes rabietas. Anime a los niños para que practiquen los juegos y deportes que les gustan en el exterior. El kárate, la lucha libre y correr pueden ser especialmente buenos para los niños que intentan aplacar sus rabietas. Pero cualquier actividad que haga que el corazón bombee puede ser buena para descarga energía y estrés.
Ayude a su hijo a recuperar el control. Compare una rabieta con un cachorro que aún no ha aprendido a comportarse y que corre por todas partes revolviéndolo todo. Los cachorros no son malos, pero necesitan que se les entrene para que puedan aprender que los zapatos no se comen y que no deben saltar sobre las personas o ciertos muebles, etc. La cuestión es que las rabietas de su hijo —como los cachorros— requieren entrenamiento para aprender cuándo está bien jugar, cómo usar la energía extra y cómo seguir las reglas.
Intente ser flexible. La crianza de los hijos puede ser una experiencia agotadora, pero intente no ser demasiado rígido. Escuchar un coro que constantemente dice “no” puede ser desalentador para los niños. Por supuesto, a veces un “no” es la única respuesta posible: “¡no, no puedes montar en bicicleta sin llevar el casco!”. Pero otras veces, se les puede dejar ganar algún tanto. Por ejemplo, si su hijo quiere seguir jugando un poco más con la Nintendo, quizá podría dejarle unos 15 minutos más.
- En eso estoy y Sí me ha funcionado!!!!
Como sabe cualquiera que se haya enfadado de verdad, seguir un consejo sensato puede ser muy difícil cuando las emociones se disparan. Dé a sus hijos la responsabilidad de controlarse, pero esté cerca de ellos para recordarles cómo hacerlo.
- Yo necesito a mi mamá para que me lo recuerde….
La mayoría de los niños pueden aprender a manejar su ira y su frustración. Pero si su hijo se enreda frecuentemente en peleas y discusiones con amigos, hermanos y adultos, puede que esté necesitando ayuda externa. Hable con otros adultos con los que se relacione su hijo; los profesores, consejeros escolares y entrenadores de su hijo podrían ayudarle, y su pediatra podría recomendarle un psicólogo o terapeuta.
Revisado por: D’Arcy Lyness, PhD
Fecha de revisión: abril de 2009